Relatos de calle y barro: Epílogo
Mi vida tiene su propia banda sonora, producto de una afición por la música que, desde muy pequeño, ha sido mi fiel compañera. Habito un universo donde los ritmos latinos han sido, en su mayoría, los que han marcado mis pasos.
Decidí crear composiciones líricas para acompañar mi primera novela y, sin darme cuenta, descubrí una faceta que no me había atrevido a explorar, cumpliendo así con la conocida frase: nunca es tarde si la dicha es buena.
No lamento haber esperado tanto; hacerlo ahora me ha dado la oportunidad de extender el alcance de mis palabras. Es como usar un «plugin» —valga el término tecnológico— en mis letras. La experimentación ha sido una constante en mi vida profesional; ella me ha traído hasta aquí y es algo que seguiré haciendo.
Actualmente existe un debate sobre el uso de la inteligencia artificial en las artes. En el mundo, asimilar estos cambios toma su tiempo. En mi caso, quise experimentar y dejar de simplemente imaginar mis letras convertidas en canciones; busqué transformarlas con los ritmos que me apasionan, fusionando estilos que antes solo podían existir en la imaginación.
Este mundo de «Calle y barro» que he creado nace de la vida misma, de las alegrías y tristezas que produce transitar el sendero donde a uno le tocó existir. Un sendero compartido, porque nunca he caminado solo.
Seguiré escribiendo porque he decidido protagonizar, en esta etapa de mi vida, el papel de autor. Ahora me doy cuenta de que, desde niño, sentado en la acera del barrio de San Antonio en Penonomé o en las escaleras de la Renta 10 en El Marañón, ya había comenzado a escribir en mi memoria.
No busques solo una canción, busca el relato.
Glosario de Relatos de Calle y Barro
Agua en la calle: Recuerdos de la infancia cuando se mojaba en la calle durante la época de los carnavales panameños.
Barrio con nombre de Santo: Referencia al barrio de San Antonio en Penonomé. Utilizo esta analogía para representar a los muchos pueblos del interior de Panamá que comparten esta característica.
Barrio de San Antonio: Rincón de Penonomé donde, sentado en sus aceras, comencé a escribir sus primeros relatos mentales.
Calle 25: Calle emblemática del barrio donde transcurrió una parte fundamental de mi vida.
Casa de paja y barro: Viviendas tradicionales del interior del país; en ellas, aprendí a valorar el folclore y las raíces panameñas.
Chiquillos corriendo: Imagen nostálgica de los niños del barrio saliendo del colegio hacia la libertad de la calle.
Coclé: Provincia central de Panamá, lugar de montañas, de neblinas que sirven de refugio y escenario en diversos relatos.
Cruza río: Expresión popular para referirse al pantalón que quedaba corto; reflejo de niños que crecían más rápido que las oportunidades económicas de su familia.
Cuarto de madera: Símbolo de la migración a la ciudad; la vivienda mínima en los barrios populares donde inicia la búsqueda de «la oportunidad».
El coco: Analogía popular panameña para referirse al cerebro o a la inteligencia.
La lata: Juego donde participaba y una lata (recipiente de metal) era el protagonista al correr tras ella y golpearla contra el piso para salvarse.
La tiene: Juego de antaño donde al tocarse le pasabas a otro jugador un espíritu que te podía hacer perder si no encontrabas a quién pasarlo.
Las escondidas: Una especie de juego de misterio que te obliga a encontrar a todos los participantes. Algunos se iban a su casa y luego aparecían.
Lodo para jugar: Actividad lúdica donde se lanzaban palos contra el barro, conocida como guacho. Una de las formas más puras de diversión en mi infancia.
Percusión y viento: Referencia a la «murga», agrupación musical fundamental en las tradiciones y la alegría del carnaval panameño.
Zaratí: Río emblemático de Penonomé. Su nombre proviene de la leyenda de la princesa Zara y simboliza la pureza del origen.
